viernes, diciembre 30, 2011

María Elena, Tita, la Raval: memories


26 de febrero de 2007 . Primer día de trabajo sobre Canciones para mirar y Doña Disparate y Bambuco . Pero ninguno tiene ganas de trabajar. Charlamos un rato largo, larguísimo, Sara, María Elena y yo, escuchando un disco de Rosita Quiroga, que le traje porque, según María Elena, no hay tango como “Fumando espero”. “…Y mientras fumo, mi vida no consumo…”, tararea MEW, como si nosotros mismos no fuéramos capaces de percibir semejante “excelsitud”.

“A mí me encanta todo el tango”, suspira Sara. “Mi papá me enseñó a bailarlo. Es que ésa era la música, la nuestra… No había otra opción: o la típica o la jazz. Sólo mucho más tarde, como en el 55, llegó el baión… ¿te acordás María Elenita?” “Teeeeeengo ganas de bailar el nuevo compás….”, canta MEW por toda respuesta. “¡Ah, qué divina esa Tita”, suspira enseguida, cuando Rosita canta “Qué vachaché”. “¿Merello?”, pregunto. “¿La conociste?” “Me extraña, Brizuelita. ¡Compartimos camarines! Nos respetábamos mucho. Y eso se notaba. Una vez”, sigue María Elena, mientras yo abro por fin mis carpetas para empezar a trabajar, “también estuvo Estela, en nuestro camarín.” “¿Qué Estela?” “Raval.” “Y cuando Estela estaba ya por salir al set –era en los Sábados Circulares de Pipo Mancera– Tita, que no se había dignado mirarla, la llama y le dice: ‘Piba –así, con un tono sobrador–. Piba, vení’. Estela obedeció, sorprendida, y Tita le acomodó la boa que la otra se había atado horriblemente, y que entonces le quedó espléndida. ‘Andá ahora. Andá nomás’. Brizuelita: nunca tenías que irte del lugar donde estaba Tita Merello. Tan pronto se fue Estela, Tita me miró y me dijo: ‘Rubia, ¡esta no va a llegar a nada...!’”

Leopoldo Brizuela, revista Ñ 29 de enero de 2011.-

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