Nadie me puede enseñar como llorar

-¿Usted estudió canto?
-Tengo una pequeña pelea con eso: nadie me puede enseñar cómo llorar. Esto que dicen, que te enseñan a utilizar tus cuerdas, que te enseñan a respirar... ¿Qué tontería es esa? Si el cante es la expresión de mis sentimientos, nadie me puede decir cómo hacerlo. Entiendo que si quieres hacer ópera es lógico que necesites una disciplina concreta. Como cantante, creo que, para aprender a cantar, antes tienes que aprender a escuchar. Olvídate de estudiar a otras cantantes, estudia a trompetistas, a saxofonistas, a buenos pianistas...
-Es que los profesores de canto le han hecho mucho daño a la música popular...
-De acuerdo. ¡Hay tantos cantantes confundidos detrás de sus miedos! Luchando por grammys, por lujos, por mogollón de cosas. Les han metido mucho miedo en el cuerpo.
-¿Y qué cantantes le gustan?
-Todos. Los músicos no sabemos nada de música, no tenemos ni puta idea. Es quien paga una entrada a un concierto el que sabe de música, el que, después de pagar toda la mierda que nos hacen pagar, se gasta el dinerito que le queda en comprarse un disco. Los músicos somos militantes de la única religión legítima que existe, que es el arte. Somos soldados de un ejército que conspira para que el arte siga siendo la única religión que, de verdad, le sirve a las personas para redimirse, gozar, reír y para descansar un momento. Pero no sabemos nada de música.
-Es la segunda vez que viene a Buenos Aires...
-Pero es la primera vez que tengo conciencia de ello, porque la primera vine muy cansada, en un invierno que no había mucha luz y no vi mucho. Me quedé con dos detalles: la sala en la que actuamos y luego... ¡Es que sois muy cariñosos vosotros! No sé por qué tenéis un mal duende que os hace pensar que caéis mal. Me da rabia esto, porque se os quiere muchísimo... Se escucha mucho la música vuestra, gusta mucho el recuerdo poético que se tiene de vuestra escritura... Mercedes Sosa, por ejemplo...
-¿Llegó a verla en vivo?
-Y me mató cien veces, con cada expresión. No ha habido nadie como ella en la historia... Mercedes era una sabia del paladar, una gran enciclopedia abierta de cómo expresarse, porque lo jodido es cuando no nos sabemos expresar. Guardamos demasiados secretos y nos pesan mucho, tío. Y los secretos son tales por miedo a que no nos entiendan...
-O a que no nos quieran, o a que nos dejen de querer...
-Vale, eso... Es que tú sabes que si te entienden no te dejan. Me puedes decir ahora mismo que te sientes extraño por estar a mi lado o puedes callártelo porque tal vez creas que yo no vaya a comprenderte. Y, en realidad, es un secreto estúpido porque puedes hablar y no pasará nada. Pero, a veces, parece que es tan gordo lo que va a pasar, que nos lo callamos y nos lo tragamos.
-Y eso es cantar, no tragarse las cosas...
-Exactamente, eso es el cante. Cantar puede ser muchas cosas. ¡Contar! El cante es contar.
-¿Y la gente que cuenta bien canta bien?
-La gente que cuenta bien, cuenta bien. El cantar es lo de menos. Nadie creía que yo podía cantar con esta voz.
-¿Con qué voz?
-¡Con la mía! Recuerdo que me encontraba con ex compañeros de clase que me preguntaban: "¿Tú qué haces?" Y yo: "¡Canto!". Y me decían: "¿Con esta voz?" Es que nunca me identificaron por mi voz. Pero bueno, no pasa nada, yo de cantar sé poco, pero tengo algo que contar.
-¿Y a Chavela la ve? ¿Le ha cambiado la vida conocerla?
-Ay, no sé. Es que a mí me recuerda mucho a mi abuela, tenía la misma mala leche.
-¿Y va a grabar con ella?
-Chavela está muy cansadita ya. Lo que hacemos es cantar juntas cuando voy a su casa.
-¿Estuvieron juntas en un escenario?
-No, tampoco... Una vez nos sacó casi a puntapiés, a mí y a la Martirio.
-¿Y después se arrepintió?
-Jamás. Simplemente después le apeteció hacer otra cosa, que fue abrirme los brazos.
-¿Y después de esto qué va a grabar?
-Ya está grabado, pero no sé qué es lo que se va a publicar. Debes tener en cuenta que de los artistas no se sabe lo que hacen, se sabe lo que publican. Grabo mucho, tengo un estudio de grabación en mi casa.
-¿Y compone todo el tiempo?
-Sí, mucho. Compongo para no odiar a nadie.
-¿Cómo es eso?
-Hace unos días me dejó mi chico. El chico con el que estaba desapareció. Yo puedo optar por odiarlo pero, aparte de que no sería justo, puedo ponerlo en una canción y me va a traer dinero. ¿Cómo puedo odiarlo si me he comprado un coche gracias a él? Yo canto para no volverme loca y compongo para no odiar... Mi papá, que es quien me dio la vida, se ha marchado y no lo he vuelto a ver. ¿Me ves mal? Si se marchó mi padre y sobreviví, que una persona de la calle vuelva a su lugar, no pasa nada.
-Pero también ha tomado la decisión de no buscarlo...
-Cada uno sabrá. Yo tengo a mi música que no me abandona.
-Entonces siempre necesitamos algo que no nos abandone...
-Nuestro latido. Tú acuérdate de respirar, que no se te olvide nunca. Además, morir de amor nunca sirvió. Porque siempre llega otro morir que te deja en manos de un tercer morir que luego le cede el paso a un cuarto que amablemente te deja en manos de un quinto que, hoy por hoy, te está matando. A nosotros nos limita la carne, pero tenemos un mundo que existe detrás de los párpados. En ese mundo, ni el cuerpo nos difama ni la distancia nos separa. El amor reina allí. En el mundo de afuera reina el tacto, reinan cosas que te hacen sentir mucho amor y que lo único que hacen es alimentar lo que está dentro. Está peligroso eso de maximizar la figura de la persona que tenemos delante, la convertimos en un ícono tan gigantesco que luego la pinchamos y la pobre persona hace plof.
-Y era una pobre persona...
-Como tú y como yo. Dejémonos respirar un poco y juntémonos un poco más.
-Volvamos a ser amigos todos...
-Todos, todos. Está muy feo eso engañarse con la soledad... Es que las personas creativas tenemos un gran enganche con la soledad porque es la única manera en que se puede trabajar. A mí la soledad me alimenta mucho...
-¿Y usted no se engaña?
-No, porque no temo. Yo me la paso muy bien estando conmigo.
-Hay gente que no, que enseguida necesita establecer reemplazos...
-Está muy jodido eso... Es cosa de pobres infelices.
-Y para uno, que se quedó mirando de afuera, es muy doloroso...
-¡Claro que duele, tío! Duele y duele.
-Pero luego pasa...
-Y si no, tú acuérdate de respirar...
Entrevista de Diego manso a Concha Buika, revista Ñ, grupo Clarín, sábado 5 de diciembre de 2009.-

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